Cómo gestionar preocupaciones
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Cómo gestionar las Preocupaciones

En este artículo te hablaré de las preocupaciones y cómo gestionar las preocupaciones. Veremos que son las preocupaciones, qué tienen de positivo, qué tienen de negativo, por qué están tan presente en nuestros pensamientos. En definitiva, vamos a tratar de entenderlas mejor para poder gestionarlas cuando nos lleguen.

 

Las preocupaciones nos persiguen, es como si siempre hubiese algún “motivo” para estar preocupado, siempre hay un problema, una incertidumbre, ocupando espacio en nuestra cabeza. Es algo demasiado común, lo veo continuamente en las sesiones de coaching, en mi vida cotidiana y en mí mismo.

Te has parado a pensar qué parte de tus pensamientos son preocupaciones y hasta qué punto te afectan para llevar una vida sana.

Las preocupaciones están tan presentes en nuestro día a día, en nuestros pensamientos que ni siquiera nos planteamos como gestionarlas, han pasado a ser algo tan aceptado y cotidiano como el respirar, nos hemos acostumbrado a su presencia, si no tuviésemos preocupaciones tendríamos que inventarlas (cómo de hecho pasa).

¿Qué son las preocupaciones?

Digamos que las preocupaciones, como su propio nombre indica es estado anterior (PRE) a Ocuparnos de algo con el objetivo de prevenir anticipadamente un resultado que no queremos.

¿La preocupación es necesaria (hasta cierto punto)?

Oye, pues viéndolo así las preocupaciones son algo necesario, es una especie de alerta, que nos avisa. Es una forma de llamar nuestra atención hacía un tema al que damos importancia, y que o bien, nos da miedo, nos provoca inseguridad, incertidumbre o sensación de falta de control.

La preocupación es al común a todos, es una respuesta natural y automática ante una situación que consideramos importante y problemática. Recordemos que el ser humano todavía se siente programado para la supervivencia, llevamos este programa cargado en lo más primitivo de nuestro cerebro.

La preocupación sería, entonces, el paso previo para comenzar a poner solución. Nuestra mente, lanza la alerta y comenzamos un dialogo interno para analizar comportamientos posibles y prever consecuencias posibles etc. La preocupación surge del proceso de planificación de las acciones y por lo tanto esto es normal.

¿Dónde está el problema, entonces, con la gestión de las preocupaciones?

El problema está en dejar que nuestra mente campe libre y cree escenarios ficticios y poco realistas, y nos recreamos en estas ideas enganchados en un bucle que nos hace sufrir.

Si dejamos la mente libre corremos el riesgo de que creemos escenarios (poco realistas) a veces incluso el peor escenario posible y esto tiene un efecto paralizante.

Dar demasiado peso al peor escenario posible, tiene aspectos positivos (auto-protector), por eso nuestra mente lo hace:

-Es un sistema de defensa para prepararnos para una situación complicada que puede tener un impacto en nosotros.

– No nos gusta sentirnos irresponsables. La preocupación nos alivia del sentimiento de irresponsabilidad, “al menos nos estamos preocupando”. Esto esta socialmente aceptado, de ahí que muchas veces se confunda ocupación con preocupación. Todos hemos escuchado el reproche: “Es que no te has preocupado” o “al menos preocúpate un poco”, justificamos la falta de ocupación con la insana preocupación.

– También nos libera de responsabilidad, para no afrontar retos difíciles. Nos sirve de excusa, creando, en nuestra mente, un escenario muy complicado, justifica no poner remedio.

 

Otro problema de la preocupación surge cuando nos estacamos en el proceso de prever consecuencia y nos recreamos en diálogos internos catastrofista que nos impide pasar a la acción y dar solución ajustadas y reales a la fuente de la preocupación.

Es el momento de los “Y Sí” Os voy a contar una historia, donde se ve muy rápido el tema del dialogo interno. Se trata de la historia del vecino que necesita un martillo y se lo quiere pedir a su vecino. Y de camino a casa del vecino, comienza su dialogo interior: Y si me dice que no me lo deja porque yo no le dejé la podadora porque estaba rota. Y si me dice que no me lo deja porque le molestó la música de la fiesta del fin de semana. Y si piensa que sólo voy a su casa a pedir algo. Es un poco chulo, seguro que aprovecha la visita para restregarme su coche nuevo, creo que no le caigo muy bien bla, bla, bla.. Como me diga algo de esto, no me voy a callar, se puede meter el martillo por donde lo quepa”.

El vecino estaba tan enfado con todo este dialogo interior, que cuando llamo a la puerta y el vecino abrió la puerta con una sonrisa en la boca, este le dijo, “mira ya no quiero tu martillo, si no me lo quieres dejar es problema tuyo”.

Lo que quiero que veas con esta historia es como el leguaje crea la realidad. Y aunque ninguno de sus escenarios hipotéticos era cierto, lo que si se cumplió fue el resultado final que había predicho. Qué le ha pasado al protagonista de la historia:

  • Dejó que los peores e escenarios inventados dominasen su pensamiento
  • La preocupación se hizo real. No solució la situación.
  • Sufrió el estado emocional de rechazo dos veces, una en su mente y otra la realidad.
  • Se posicionó en el papel de víctima.
  • Puso toda la responsabilidad de la solución en la otra parte.
  • Su preocupación se hizo real.

¿Cómo gestionar las preocupaciones?

  1. Saber que las preocupaciones son reacciones naturales y automáticas de alerta.
  2. Darse cuenta. Es muy importante ser conscientes de cuando nuestra mente está desbocada en un carrusel de pensamientos inútiles, nada realistas, desproporcionados e insanos.
  3. El lenguaje o el dialogo interior que usemos influirá, rotundamente, en la forma en la que afrontaremos la situación. Modelar el leguaje de forma que favorezca a la acción de resolución.
  4. Pasar de victima a responsable. Hacerte el responsable de la situación, asumir toda la responsabilidad del resultado te ayudará a retomar la sensación de control.
  5. PASA A LA ACCIÓN, esta es la gran diferencia. En el momento en que pasas del pensamiento a la acción, la preocupación se va desvaneciendo, la carga se aligera y el dialogo interior negativo se para para centrarse en la solución.
  6. Estar en el presente. Cuando mantenemos nuestra mente ocupada y centrada en la acción, limitamos que entren pensamientos poco beneficiosos.
  7. Medita 1 minuto al día. Acallar el ruido de la cabeza es muy sano, echa un vistazo a este post.
  8. Recuerda: El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional.
  9. Por último, este punto a mí me sirve bastante:

Recuerda que sólo el tiempo da el peso exacto de un problema. Seguro que te ha pasado, a mi bastantes veces, una situación que me parecía un problemón en su momento, mirándolo desde la perspectiva del tiempo no tuvo tanta transcendencia, perdí energía y sonrisas innecesariamente.

¿por qué pasa esto? Asuntos que nos parecen de vida o muerte en un momento, con la perspectiva del tiempo pierden peso. Mi teoría incluye dos motivos: en primer lugar, con el tiempo tenemos más información, cuando estamos metidos en el problema desconocemos gran variedad de variable y opciones que sólo se desvelan con el tiempo; también desconoces los aspectos positivos que nos va a traer, el primero de todo el aprendizaje. Y, en segundo lugar, con las emociones equilibras (en frío) le damos un peso más real al asunto.

Que lo hayas dejado con tu pareja o que te hayan despedido del trabajo, puede parecer un hecho terrible en su momento, y es doloroso, es bueno y necesario pasar por periodo de duelo, pero no quedarse en el sufrimiento. A mí me ha pasado, que después de esto, llega otra pareja u otro trabajo, con los que eres más feliz, en los que te sientes más preparado y entonces es cuando cobra sentido todo y ves lo innecesario del sufrimiento.

Cuando tengas una preocupación, pregúntate: ¿dentro de 5 años qué importancia le daré a esto? ¿Qué me gustaría aprender de esta situación?

 

Dime algo sobre el artículo, me “preocupa” que haya sido útil 😉

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